viernes, 3 de abril de 2015
sábado, 14 de marzo de 2015
¿Quién es Glen Villarreal Zambrano?
Comparto un video donde respondo a las calumnias que se dijeron en contra mía y de mi familia, luego de que denuncié públicamente al dirigente de Morena N.L.
sábado, 7 de marzo de 2015
Mi postura sobre las reacciones del video: "Morena ¿La esperanza de México?" Por Glen V. Zambrano
Hola a todos.
Muchas gracias por
el apoyo, jamás imaginé que el video sobre Morena se fuera a convertir en
viral; así que debo expandirme en unas cuantas cosas.
El video lo subí
porque cuando Morena me seleccionó para representar el distrito 11, yo anuncié esa decisión en mis redes sociales. Toda
la gente que conozco se enteró.
Cuando Rogelio me citó para que renunciara, le advertí que de ser así yo iba a tener
que avisarle a mis conocidos, y que entonces el costo político sería para
Morena. A él le valió madre, entonces a mí también. Por eso hice pública la
verdad. Que quede muy claro que el daño a Morena no lo hice yo, lo hizo Rogelio
y todo aquél que lo solapa.
Segundo punto: si bien yo creo que los
partidos políticos tienen sus días contados, con el empoderamiento de los
ciudadanos a través de una democracia más participativa y menos representativa,
debo clarificar que hay partidos malos y partidos peores. Y Morena NO es de los
peores.
Para aquellos que me llaman infiltrado del PRI
o del PAN (perdón PRD, pero en realidad ustedes ya ni cuentan), repetiré lo que
he dicho siempre: El PRI y el PAN le han hecho incalculable daño a México.
¿Qué si el video está muy bien producido y parece orquestado por Sauron y La Mafia del Poder? Gracias, le dediqué 10 horas. Soy comunicólogo y geek; conozco el software y mi profesión.
¿Que pronto me verán en otro partido político? Anoche Movimiento Ciudadano me invitó a competir por el distrito 11, y les agradezco infinitamente, creo que están haciendo un muy buen trabajo con el rumbo que buscan para Nuevo León, pero la respuesta tiene que ser un NO, pues no quiero que parezca que hice el video de Morena para beneficiarme políticamente.
Andan corriendo rumores, en una biografía bien fumada que me hicieron, de que alguna vez formé parte de una Asociación Política Estatal que recibía fondos del erario. Pura mentira. Como muchos saben, hace 6 años intenté hacer un partido estatal que funcionara como plataforma para candidaturas independientes. El partido no se logró hacer, y en ese momento yo renuncié definitivamente al proyecto. Nunca hubo dinero público. Tampoco estuve en la formación de Rescatemos Nuevo León... y está de más mencionar que no tuve nada que ver con un desfalco de 65 millones en Tamaulipas (jajajaj).
Y para los que se espantan porque invité a votar por Elizondo o por El Bronco, hay dos buenas razones: una, no forman parte del PRIAN, y de ellos ganar la gubernatura de Nuevo León, no estarán cobijados por los partidos federales. O sea que si ellos se dejan llevar por la corrupción, será mucho más fácil hacer que la ley les caiga encima. Y dos, debía cometer una “falta grave”, e invitar a votar por ellos cumple el requisito.
Termino diciendo que estas semanas que estuve
en la lista de Morena, conocí gente grandiosa entre sus filas; gente convencida
con el proyecto de nación que pregonan, y son precisamente ellos quienes se
tienen que empoderar dentro de su partido. La lucha contra sus propios dinosaurios es una lucha de Morena, la bola está en su cancha.
Mi lucha continúa, es contra los gobernantes corruptos y los monopolios, y en pro del empoderamiento del ciudadano. Nos seguimos viendo.
Glen V. Zambrano
Mi lucha continúa, es contra los gobernantes corruptos y los monopolios, y en pro del empoderamiento del ciudadano. Nos seguimos viendo.
Glen V. Zambrano
jueves, 18 de diciembre de 2014
¡Luchen mexicanos!
El grupo armado H3, comandado por "El Americano", atacó a los autodefensas de La Ruana, Michoacán, matando al hijo de Hipólito Mora, líder de los Autodefensas.
Que no se nos olvide que "El Americano" es un sicario al servicio del gobierno de Peña Nieto, puesto por su compadre Arturo Castillo en la Fuerza Rural de Michoacán a pesar de ser acusado de nexos con la delincuencia.
Que no se nos olvide que Peña desarmó y encarceló a miembros de los grupos de Mireles y de Hipólito, pero puso bajo su manto a los H3, el grupo de El Americano.
Que no se nos olvide que al gobierno corrupto no le gusta que la gente honesta esté armada. Que no se nos pase por alto lo que sucede en Michoacán.
Dejo parte del mensaje de Hipólito Mora tras la muerte de su hijo:
"¡Luchen Méxicanos, no se dejen pisotear!
Defiéndanse, luchen, peleen por sus derechos, no le crean a parte del gobierno, engañan (...) engañan a la gente, no les importa lo que nos pase. A algunos políticos sólo les interesa el voto de los mexicanos, robar, hacerse ricos aunque en el país nos estemos muriendo de hambre.
Tengo como 40 o 50 minutos pidiéndole apoyo al gobierno y no llega nadie. Nos tienen olvidados. A la gente que nos masacró del ‘Americano', les ayudaron a subirlos los heridos y los dejaron que se fueran en lugar de detenerlos y algunos de la Fuerza Rural de los míos los desarmaron y se llevaron las armas.
Esta es la clase de gobierno que tenemos desgraciadamente los mexicanos. ¡Luchen todos! ¡Saquen a Mireles! ¡Saquen a los autodefensas! ¡No están peleando! Qué les valga madre lo que esté pasando! Que les valga madre que los maten, que les maten a sus hijos... ¡Pero defiéndanse! ¡Mueran con dignidad!¡No sean cobardes, mexicanos!
Estamos a punto de que nos ataquen otra vez. Ya nos tienen cercados ‘El Americano' con todo el cártel. Nos van a matar."
Dejo el video completo:
Que no se nos olvide que "El Americano" es un sicario al servicio del gobierno de Peña Nieto, puesto por su compadre Arturo Castillo en la Fuerza Rural de Michoacán a pesar de ser acusado de nexos con la delincuencia.
Que no se nos olvide que Peña desarmó y encarceló a miembros de los grupos de Mireles y de Hipólito, pero puso bajo su manto a los H3, el grupo de El Americano.
Que no se nos olvide que al gobierno corrupto no le gusta que la gente honesta esté armada. Que no se nos pase por alto lo que sucede en Michoacán.
Dejo parte del mensaje de Hipólito Mora tras la muerte de su hijo:
"¡Luchen Méxicanos, no se dejen pisotear!
Defiéndanse, luchen, peleen por sus derechos, no le crean a parte del gobierno, engañan (...) engañan a la gente, no les importa lo que nos pase. A algunos políticos sólo les interesa el voto de los mexicanos, robar, hacerse ricos aunque en el país nos estemos muriendo de hambre.
Tengo como 40 o 50 minutos pidiéndole apoyo al gobierno y no llega nadie. Nos tienen olvidados. A la gente que nos masacró del ‘Americano', les ayudaron a subirlos los heridos y los dejaron que se fueran en lugar de detenerlos y algunos de la Fuerza Rural de los míos los desarmaron y se llevaron las armas.
Esta es la clase de gobierno que tenemos desgraciadamente los mexicanos. ¡Luchen todos! ¡Saquen a Mireles! ¡Saquen a los autodefensas! ¡No están peleando! Qué les valga madre lo que esté pasando! Que les valga madre que los maten, que les maten a sus hijos... ¡Pero defiéndanse! ¡Mueran con dignidad!¡No sean cobardes, mexicanos!
Estamos a punto de que nos ataquen otra vez. Ya nos tienen cercados ‘El Americano' con todo el cártel. Nos van a matar."
Dejo el video completo:
martes, 25 de noviembre de 2014
Review: The Hunger Games, by Suzanne Collins
El primer libro de la trilogía de Los Juegos del Hambre
es de esos que te obligan a voltear
página tras página. Está plagado de acción, pero a un costo.
La trama está diseñada arquitectónicamente. El ritmo de la novela te mantiene al filo del sillón. El lenguaje es sencillo y directo, casi lacónico. Hay poca introspección, menos explicación de hechos pasados, y prácticamente ninguna figura poética o literaria de valor.
La trama está diseñada arquitectónicamente. El ritmo de la novela te mantiene al filo del sillón. El lenguaje es sencillo y directo, casi lacónico. Hay poca introspección, menos explicación de hechos pasados, y prácticamente ninguna figura poética o literaria de valor.
Suzanne Collins te avienta a Panem el día del Rapto de los Tributos, y la historia se
desenvuelve como una avalancha. La narración es en primera persona y en tiempo
presente: Katniss Everdeen misma es quien te narra los hechos conforme van
ocurriendo.
Lo poco que al lector se le cuenta sobre el pasado —en
forma de concisos recuerdos— es sobre cómo Katniss conoció a Peeta,
su historia con Gale, y su relación con su hermana y madre. De los Trece
Distritos casi no se habla, ni de la Guerra Civil que llevó al Capitolio a la
victoria. No se mencionan batallas históricas ni las causas de la rebelión. Las
otras naciones del orbe son inexistentes. Suzanne Colllins te abandona en un
mundo oscuro, y el mundo así se queda. Lo único que se va iluminando, como si
un spotlight la siguiera en su camino, son los momentos que Katniss va narrando
en tiempo real.
El libro sólo tiene un PoV (punto de vista), y eso
explica que no se hable de personajes o eventos que no ocurran en las inmediaciones
de Katniss; pero contrario a intuición, tampoco se dice mucho de Katniss misma.
El ritmo de la historia es tan rápido, que se omiten las obligatorias
deliberaciones internas y la resolución de dilemas éticos por los que la una
persona debe pasar al vivir las fuertes experiencias relatadas. A pesar de que
es Katniss quien narra, el lector no puede conocer su conciencia. Los
arrepentimientos, las alegrías y las motivaciones pasan a un quinto plano,
dándole paso a la acción y el conflicto. La autora nos deja sin las ventajas de
su elección de voz narrativa, pero con todas las deficiencias de una voz en
primera persona, en presente, y de un solo personaje. Es como ver por un
telescopio que no tiene lente.
La trama es espectacular y los personajes de reparto son casi vivientes. La idea
de un mundo gobernado por el dúo estado-televisión es interesante: el Reality
Show que sirve para mantener al pueblo en su lugar. Casi hasta suena familiar.
A pesar de esto, debo admitir, después de terminar el
libro llegué a una conclusión a la que no había llegado antes con otras novelas
que llegan al cine: No te molestes en leer el libro, es literatura pop pobremente escrita.
P.S. La película es astronómicamente superior y merece toda nuestra devoción guadalupana.
P.S. La película es astronómicamente superior y merece toda nuestra devoción guadalupana.
Glen Villarreal
jueves, 20 de noviembre de 2014
Brevísima historia democrática de México
El
sufragio es la más elemental arma de la democracia; es el inicio, pero no lo es
todo. El derecho a votar es sólo una pequeña parte de lo que se requiere para
poder hablar plenamente de una democracia; desventurados aquellos que piensan o
hacen creer que la democracia es sólo ir a votar.
El
pueblo de México ha vivido un proceso fluctuante entre la búsqueda de la
democracia y la simulación de esta.
¿Cuándo
podemos empezar a hablar de democracia en México? Ciertamente no podemos
referirnos a antes de la conquista, puesto que el territorio albergaba una
amalgama de culturas y civilizaciones sin cohesión nacional. ¿Desde las
elecciones organizadas por el virreinato a raíz de la Constitución de Cádiz? A
pesar de que se tomó en cuenta al pueblo, por respeto a la sangre de nuestros
héroes, no vamos a hablar de un México democrático cuando aún somos colonia de
potencia extranjera. ¿Después del decreto de Independencia, cuando fuimos
Imperio? … No.
Las
primeras elecciones en el México Independiente fueron las que llevaron a la
presidencia a Guadalupe Victoria en 1824, y cabe destacar que eran unas elecciones
muy abiertas; con requisitos mínimos, todo mayor de edad podía votar y ser
votado.
En 1824
sólo había elecciones indirectas, es decir, el pueblo sólo podía votar por
electores, y estos a su vez, votaban por los diputados; pero los requisitos para
postularse eran mínimos, tener 25 años y 8000 pesos de patrimonio. A los
Senadores los escogían los congresos locales, con requisitos igual de
sencillos. Los gobernadores eran electos por la junta electoral, el congreso
local, o los ayuntamientos, dependiendo del estado. Al Presidente de la
República lo elegían entre todas las legislaturas de los estados. Los procesos
electorales se llevaban a cabo desde los ayuntamientos, bajo la autoridad de
una Junta Electoral.
El
sistema tenía sus vicios, claro. Un analista de la época criticaba que “las
juntas electorales de aquellos días eran presididas por los jefes políticos de
cada nivel, por lo tanto, no había separación entre el poder público y el poder
electoral” (Mariano Otero, 1847).
Naturalmente,
no había partidos políticos. Por 300 años fuimos satélite explotado de una
Monarquía extranjera; estábamos en pañales, carentes de mecanismos y
estructuras de participación para la ciudadanía. Y así llegaron las logias
masónicas. Yorkinas y escocesas. Los mexicanos que deseaban participar en la
política, se afiliaron a estas sectas. “No podía, no pudo haber sido de otra
manera” (Fuentes Díaz, 1997).
Los
mexicanos vieron en la masonería la estructura para intervenir en las políticas
públicas, y lo hacían de manera facciosa. Así las logias generaron repulsión
social, y Vicente Guerrero se vio obligado a disolverlas; aunque no fue posible
hacerlo definitivamente, ya que no había otro modo de organización para
reemplazarlas. Por eso, en los siguientes pleitos nacionales, protagonizados
por centralistas y federalistas, o por conservadores y liberales, las logias
fueron la columna vertebral de todos los movimientos.
Ni los
escoceses y yorkinos; centralistas y federalistas; o conservadores y liberales
eran partidos políticos, sino movimientos. No tenían estructura orgánica, ni
normas de vida internas, ni dirección permanente. Eran tendencias de opinión,
en veces amorfas y fluctuantes.
Volviendo
al sufragio, en 1835 llegaron los centralistas al poder, se autonombraron Congreso
Constituyente, y promulgaron las 7 Leyes. Justo cuando parecía que la
democracia empezaba a encontrar su cauce, llegaron los conservadores. O
centralistas, da igual. ¿Por qué da igual? Porque con sus nuevas leyes, le
quitaron el derecho al voto a los trabajadores domésticos, a quienes no saben
leer, o a quienes ganaban menos de cierta cantidad; se volvió inconstitucional
llamar “Ciudadano” a cualquiera que no tenga dinero; permitieron al Presidente
el cierre y la supresión del Congreso y de la Suprema Corte; sustituyeron a los
Estados Federados por simples departamentos, cuyos gobernadores serían puestos
por el Presidente (cualquier parecido al siglo XX, NO es mera coincidencia). Y
para terminar de adornar al país, crearon el Supremo Poder Conservador —órgano
orwelliano regulador de la vida pública— que podía cambiarlo todo, desde los
ayuntamientos hasta la Presidencia de la República.
En
materia electoral, era tal el revoltijo de los conservadores, que el
“ciudadano” jamás podría aspirar a elegir por vía expedita a sus gobernantes.
Era también un sistema de elección indirecta, pero con tantas vueltas, que
diluía aún más la voluntad popular, de tal manera que esta voluntad nunca fue
tomada en cuenta, más bien “era una marginación permanente de los ciudadanos en
las contiendas políticas” (Fuentes Díaz, 1997). Por nombrar un par de ejemplos,
los Senadores eran escogidos por los Congresos Locales, pero sólo podían
escoger entre una lista que el propio gobierno mandaba. O para elegir
Presidente, el Senado, la SCJ y el presidente en turno, en junta de
ministros y de consejo, hacían ternas de candidatos, se mandaban a la cámara de
diputados, ahí se depuraba y se mandaba a las juntas departamentales, donde se
votaba y se reenviaba al congreso, donde se calificaba la elección y nombraba
al ganador… ¿Acaso es posible tener una elección más manoseada que esa? Páginas
adelante, los siglos XX y XXI nos enseñarán que en México nada es imposible.
Los
centralistas y federalistas, o lo que es lo mismo, conservadores y liberales,
se enfrascaron medio siglo en guerra política y armada. En este periodo,
invadieron México Estados Unidos y Francia. Con el primero, se perdió la mitad
del territorio, y con el segundo se instauró de nuevo un Imperio Mexicano, que
terminó con la llegada al poder de Benito Juárez.
México
era un pueblo politizado, a la ciudadanía le interesaba quién estuviera en el
poder, le interesaba llegar a él, luchaba por sus intereses. Muchos, al ver la
masa primordial de un país con tanto alcance, querían ser parte de su formación
e imprimir sus ideales para la posteridad. Todo indicaba, que a pesar de las
cruentas luchas, de la pérdida de territorio, y de la polarización, México iba
a salir adelante; a todos les interesaba. La creación de partidos políticos
modernos, prerrequisito para una democracia funcional, era inminente.
Hasta
que llegó el famoso lema de “poca política y mucha administración” con el
general Porfirio Díaz, y se acabó el avance democrático. El feto de ciudadano
que se gestaba en México se extinguió hasta el final del siglo, y eso es fácil
de explicar.
Cuando
entró Díaz al poder, puso en práctica su política de “conciliación”, y
dando puestos en la administración pública -o en una celda de cárcel- a los
jefes de las corrientes políticas, se empezó a liquidar a los grupos políticos
existentes, desvaneciendo el camino a los partidos políticos y la esperada
democracia.
Se
despolitizó a la población, la vida política había detenido definitivamente su
marcha, perdiendo el terreno que había ganado en el pasado. Había muchos que
culpaban al pueblo por la falta de partidos, los consideraban apáticos o
incapaces de gobernar; pero en realidad fue el peso del poder dictatorial el
que aplastaba cualquier intento de resurgimiento cívico. Acabó con la
democracia.[1]
El
hábito de la organización política ya no existía, y cuando trataba de aparecer,
moría en el intento bajo el puño de hierro de Porfirio Díaz.
Pasaron
las décadas, y cuando Díaz tuvo su entrevista con la prensa extranjera, mágicamente
le brotó un espíritu democrático, dijo: “Doy la bienvenida a cualquier partido
oposicionista en la República Mexicana. Si aparece, lo consideraré como una
bendición, no como un mal. Y si llegara a hacerse fuerte, no para explotar sino
para gobernar, lo sostendré y aconsejaré, y me olvidaré de mí mismo en la
victoriosa inauguración de un gobierno completamente democrático en mi
país.”[2]
Qué
patriotismo. Hubo entonces quienes le tomaron la palabra y trataron de formar
el Partido Democrático (Urueta, Sentíes, Calero…). Ingenuos ellos, ya que las
palabras del Presidente fueron toda una soberana mentira. Díaz los hizo
recapacitar a la fuerza. De todos modos, en este país tan maltrecho, la
oposición llegó, y expulsaron a Díaz de México. La revolución de 1910 y las
elecciones de 1911 hicieron surgir nuevos partidos, todos de vida
circunstancial al principio. No era para menos, recordemos que por 30 años se
canceló el camino a la democracia. Derrotado Díaz, aniquilado Huerta, formulada
la constitución de 1917, se esbozaron algunos partidos. Fueron partidos
caudillistas, porque tuvieron el sello, estímulo y destino que le imprimieron
algunos caudillos militares triunfantes. Pero en realidad la nación continuó
sin partidos estables, partidos de principio, permanentes, hasta que llegó el
PRI en 1928, con sus diferentes nombres.
Y aquí
empieza la “época moderna” de la historia del sufragio en México, y de sus
ciudadanos, o súbditos, según la casta. Cabe señalar, que no todas las
democracias crean ciudadanos; hay democracias muy disfuncionales que amarran al
pueblo, creando súbditos. La actual “democracia” mexicana así trabaja; no somos
ciudadanos libres. Veamos las razones históricas, desde la perspectiva del
ciudadano y la electoral.
Por el
lado del ciudadano, desde los años 30 el PRI fungió como un pacto social entre
clases. Los campesinos, obreros, burócratas, empresarios, todos tenían cabida.
Y la razón es por demás válida: a la clase política, pero en especial a los
presidentes en turno, los perseguía el fantasma del millón de muertos de la
revolución.[3] Y los gobiernos priistas encontraron la manera de apaciguar a
las masas: el corporativismo.
Traficando
con los ideales, con la pobreza, y con la avaricia de la gente, el PRI se armó
un aparato electoral inmenso, con una estructura vertical donde todo se
controlaba desde las cúpulas, y siempre, siempre, con la máxima
lealtad al presidente.
No
podemos hablar del sufragio cuando éste está comprado o robado. Votaban los
papas de los abuelos, había pueblos con el 100% de votos al mismo partido, pero
lo más impresionante: hasta los años 80 había ESTADOS con sólo un partido.
Largas
décadas México volvió a quedar sin esperanza de democracia, hasta que las
presiones externas e internas empezaron a hacer efervescencia en la gente; el
fantasma del millón de muertos volvió a rondar a los presidentes de los años
sesenta y setenta.
Ferrocarrileros,
obreros, intelectuales y estudiantes empezaron a demostrar su repudio al
régimen; no vivíamos una democracia, vivíamos una monarquía sexenal
hereditaria, autoritaria y totalitaria.
Los
procesos electorales eran trabajosos, complicados y costosos. Pero no servían
para nada; únicamente tenían la función de legitimar a
posteriori las
decisiones que las cúpulas ya habían tomado.
Volviendo
a los datos, desde la perspectiva electoral, las elecciones eran organizadas
por los gobernadores desde la época de Carranza hasta 1946, cuando empieza un
proceso de centralización y concentración, donde las atribuciones de las elecciones
corren a cargo del gobierno federal; se pasa así de una descentralización
inicial, a una concentración en manos del Gobierno Federal. La ley tuvo
reformas pequeñas, hasta después del conflicto del 88, donde se planteó la
necesidad de una plena autonomía del IFE.
Y así,
en teoría, desde la revolución, entramos en una tercera etapa del valor del
sufragio. Primero se dejó a los ayuntamientos, luego al gobierno federal, y
ahora, al fin, a los ciudadanos… pero no hay que cantar victoria.
Volviendo
pocos años en la historia, por tendencias globales, como la transición
democrática en España o en los países que formaban la Unión Soviética, y por
presiones internas, como el “apagón” de 1988, a principios de los noventas se
empezó a hablar de la necesidad de la transición a la democracia. Antes se
hablaba únicamente de reformas políticas —que cumplieron su cometido.
Institucionalizaron a la oposición, y el Partido Acción Nacional y el Partido
Comunista Mexicano (después PSUM, luego PMS, luego FDN, y al final PRD)
tuvieron sus pequeñas bancadas en el congreso. Pero no nos engañemos: La
“Transición a la Democracia” sólo buscaba un sistema electoral confiable —que
ya es mucho pedir —, mas no una transición a la democracia. Ésta se empieza a
buscar, una década después, pero no desde el gobierno, sino desde los
ciudadanos.
La
monarquía presidencial acabó en 1994, cuando el presidente/gobierno/partido
(que eran lo mismo) perdieron el congreso. Juntos, el PAN y el FDN, tenían la
mitad de las curules. El presidente en turno, Carlos Salinas de Gortari, perdió
el control de su partido y sus futuros precandidatos, y pasó lo inevitable: se
levantó en armas la guerrilla Zapatista en Chiapas. Un sexenio después, en el
año 2000, el partido oficial perdió la presidencia.
Se agotó
el sistema. Entramos ahora en un tripartidismo, con un Instituto Electoral
ciudadanizado; pero de nuevo, no nos engañemos. El PRI, PAN, y PRD no están
abiertos a la democracia, el sufragio sigue siendo comprado o cooptado, y las
prácticas más rancias del PRI siguen siendo la regla de los tres.
El
Instituto Federal Electoral tiene a los partidos en sus entrañas, y eso no es
ciudadano, es partidista. No podemos hablar de un IFE ciudadano, cuando quienes
proponen, imponen o controlan, son las personas asociadas al gobierno.
En
México, los partidos políticos no son un puente entre la ciudadanía y el
gobierno. Son una barrera. Son parte del gobierno. No representan al pueblo, y
por ende, el IFE no tiene mucho de ciudadano.
En los
partidos, los ideales se perdieron. Sólo hay tendencias leves que los
diferencian, pero muy leves. Tan difusas, que hoy en día, PAN y PRD, la derecha
y la izquierda, se pueden unir, y de todos modos ganar.
El PRI
no ha cambiado nada, si a caso, su estrategia de comunicación. La competencia
política en México no ha generado mejores políticos, sólo mejores comerciales.
Y el
problema emana de la falta de democracia. Duele decirlo, pero es difícil
considerarnos plenos ciudadanos: los mexicanos no tenemos acceso a las decisiones
públicas. Lo que se trató de hacer en épocas de los Centralistas, siglo y medio
atrás, hoy los partidos lo consiguieron; negar los derechos políticos del
pueblo. Lo que se anhelaba hace 100 años (partidos políticos), la cura para la
nula democracia de finales del siglo XIX, hoy es nuestra enfermedad. Antes
necesitábamos partidos para oponerse al puño de Díaz. Hoy son el yugo del
pueblo, son la bota sobre el cuello de los pobres, son el verdugo de los
desposeídos. Todo hacen por ganar elecciones, desde vender la educación de
nuestros hijos[4], hasta traficar con la pobreza de los más olvidados, aquellos
que nunca olvidan; desde cobrar con votos por la única comida del mes, hasta
regalarle tierras públicas a empresas extranjeras[5].
Los
partidos, con tal de conseguir votos, se han convertido en partidos “catch
all”[6], perdiendo su identidad política e ideológica, vendiéndose al mejor
postor. Hoy vemos que un partido no la piensa dos veces antes de aceptar un
candidato bien posicionado de otro partido. Hoy vemos que otro partido vive de
vender sus curules a Televisa y al PRI[7]. Otro partido, desprendido del
corporativismo que el PRI formó, se vende electoralmente al partido mayoritario
que más ofrezca, y su lidereza de facto no duda en ofrecer su block de 2
millones de votos al mejor postor. Y por haber vendido su alma al diablo,
Calderón no es quien paga la factura, sino nuestros niños.
Después
de las elecciones del 2006, donde el PAN actuó de manera grotesca, y donde el
PRD no supo controlar el robo y se autodestruyó (y de pasada también a las
vialidades del DF), los ciudadanos estamos hartos.
Los que
confiaban en la tradición del PAN, han perdido esperanza. Los que confiaban en
la vocación del PRD, se rindieron. Del PRI no digo nada, ya que vive del voto
duro comprado.
Esto
desembocó a que en 2009 surgiera la primer campaña auténticamente ciudadana de
la historia del país: La campaña del voto nulo. Esta campaña fue la única
planeada, orquestada y financiada por ciudadanos libres, hartos del corrupto
sistema de partidos que nos rige; hartos de la partidocracia.
Los
ciudadanos gritaban DEMOCRACIA. Los partidos políticos, el sistema que vino a
suplir al régimen priista, es igual o peor. El poder se dividió y se compartió,
pero sólo entre las cúpulas. El ciudadano no obtuvo ni la más pequeña gota de
la derrama del poder.
Los
partidos, como siempre, trataron de lucrar políticamente de todo, y el
ciudadano Presidente lanzó una propuesta de reforma política retomando algunas
de las exigencias de la ciudadanía, pero las presentó de una manera en que se
daba un high five él solo; ya que excluyó la revocación
del mandato, las auditorias ciudadanas, y muchos mecanismos de transparencia
que se propusieron. Sólo se apropió de las Candidaturas independientes y de la
reelección de alcaldes y legisladores; pero no estableció un mecanismo para las
candidaturas, ni métodos de rendición de cuentas para que la reelección no sea
ciega.
Los
partidos nos hacen creer que con votar, con el sufragio, ya somos ciudadanos
plenos. No quieren entender, ni mucho menos que nosotros entendamos, que la
democracia no es sólo ir a votar cada 3 años, la democracia se hace día con
día, y la hacemos todos. No es cierto que elijamos a nuestros representantes,
porque quienes gobiernan representan a las cúpulas, no es cierto que vayamos en
el camino correcto, puesto que cada vez se enquistan más y más en el poder.
Pero los
mexicanos no nos rendimos, y no nos vamos a rendir. Ya
no queremos ser súbditos; lo hemos sido desde el principio de la historia.
El
panorama es sombrío, los errores del régimen priista y de los sexenios del PAN
han hundido al país en la desesperación, en la violencia, en la pobreza y en la
desigualdad. Los partidos han demostrado ya demasiado que no buscan el bien del
pueblo, y así será hasta que los ciudadanos tomemos el poder, y cuando eso
pase, México por primera vez será de quien le pertenece, de los ciudadanos.
Por Glen
Villarreal
_____________________________
Fuentes
[1]
Emilio Rabasa, “La evolución histórica de México”
[2]
Entrevista Díaz-Creelman
[3]
Samuel Schmidt, Los grandes problemas nacionales, 2008.
[5]
Crucero: Entragan terrenos de la Pastora a FEMSA http://red-crucero.com/2010/08/entregan-terrenos-de-la-pastora-para-estadio-a-femsa/
[6]
Octavio Rodríguez Aráujo, Los Partidos Políticos en México, 1997.
Bibliografía:
Los
Grandes Problemas Nacionales.
-Samuel
Schmidt
Democracia
restringida: 1836-1846
-Reynaldo
Sordo Cedeño
Los
partidos políticos en el siglo XIX
-Vicente
Fuentes Díaz
Sistema
mexicano de partidos en los años 80
-Francisco
José Paoli Bolio
Los
partidos Políticos en México
-Octavio
Rodríguez Araujo
Sistema
electoral y práctica política
-Beatriz
Rojas Nieto
Los
conceptos de soberanía y democracia en México a lo largo de su Historia.
-Emilio Zebadúa
El
camino de la democracia en el México Actual
-Victor
M. Martínez Bullé-Goyri
miércoles, 19 de noviembre de 2014
¿Quién es el Señor Peña?
Es un señor que encabeza el Gobierno Mexicano pero desconoce
el salario mínimo del país. Es un hombre que cree que el precio de la tortilla sólo le incumbe
a ‘la señora de la casa’. Es el representante de México ante el mundo, hablando
sin pena un inglés preescolar. Es un disque-escritor publicado que balbuceó casi
cinco minutos sin poder nombrar tres libros y sus autores. Es un hombre que no
pudo decir de qué murió su primera esposa —a la cual le fue infiel,
teniendo dos hijos con dos diferentes mujeres fuera su matrimonio.
Peña Nieto encabezó la represión en Atenco, donde un niño y
un adulto murieron y veintiséis mujeres fueron violadas por los policías. Peña
Nieto encabezó la incansable búsqueda de la niña Paulette… que estuvo todos esos días a un lado de su cama. Enrique mandó perforar las pirámides de
Teotihuacán para instalar rieles y luces, sin importar los reclamos de los
académicos, dañando así el más importante patrimonio histórico de México.
El prestigioso periódico británico The Guardian lanzó un
extenso reportaje donde se mostraban los lazos entre Televisa y Peña Nieto, que
por medio de compañías subsidiarias o controladas por ejecutivos de Televisa,
apoyaban al mexiquense para llegar a la presidencia, mientras orquestaban ataques
contra sus rivales. Peña siempre negó su relación especial con la televisora,
pero al llegar él a la presidencia, casualmente Televisa fue absuelta de pagar
3 mil millones de pesos que le debía a Hacienda.
El matrimonio de Peña con Televisa no sólo es figurativo; en 2010 el señor Peña se casó con una actriz de Televisa. Al anunciarse la relación de La Gaviota y Peña, esta actriz recibió de Televisa una casa multimillonaria. Poco tiempo después, esta casa se expandió a un terreno adyacente, perteneciente a Grupo Higa, una constructora a la que se le otorgó el proyecto del Acueducto VI, con valor de 47 mil millones de pesos.
El matrimonio de Peña con Televisa no sólo es figurativo; en 2010 el señor Peña se casó con una actriz de Televisa. Al anunciarse la relación de La Gaviota y Peña, esta actriz recibió de Televisa una casa multimillonaria. Poco tiempo después, esta casa se expandió a un terreno adyacente, perteneciente a Grupo Higa, una constructora a la que se le otorgó el proyecto del Acueducto VI, con valor de 47 mil millones de pesos.
El Señor Peña declara que gana 139 mil pesos al mes, pero admitió
que posee cuatro casas y cuatro terrenos en Edomex y un departamento en
Acapulco. Imaginemos que cada propiedad valga entre 3 y 4 millones de pesos (un
precio humilde para los políticos), y se hacen unos 30 millones de pesos. Otorguémosle que la
mitad de las propiedades las heredó; aun así debería trabajar unos 11 años con
un sueldo de 139 mil pesos, y sabemos que lleva trabajando tres años de Diputado, seis de Gobernador y dos de Presidente. Apenas le alcanzaría, y esto sin contar que
ha tenido cinco hijos y la vida diaria cuesta (carros, viajes, comida,
colegiaturas). A menos que el Señor Peña esté mórbidamente endeudado, los números no dan.
Sobre la Casa Blanca de Las Lomas, La Gaviota salió a
aclarar lo millonaria que es y cómo es que le alcanza para comprar sus propiedades.
Hagamos cuentas.
Thalía, Victoria Ruffo o Fernando Colunga, considerados
entre los mejor pagados en México, ganan alrededor de 10 millones de pesos por
telenovela. La Gaviota lleva sólo 9 telenovelas con papeles importantes.
Tendría que no haber gastado casi ni un peso de lo que ganó en las telenovelas
para que le alcanzara su casa blanca de 100 millones de pesos. Además, tiene un
departamento en Miami y otro en La Herradura. Y tiene tres hijas que comen,
viajan y estudian. Los números no dan, y si declara que gana 130 millones de
pesos en un año en el que no trabajó, está diciendo que ella, la actriz de
“Destilando Amor”, gana lo mismo que estrellas de talla mundial como Kristen
Stewart o Sandra Bullock.
Y todo esto es poco comparado con lo que ha robado el tío de
Peña Nieto, Arturo Montiel, a quien FORBES considera uno de los diez políticos
más corruptos de México. Siendo Gobernador, se le acusó de desviar cientos de millones de pesos, y con ello compró castillos en Francia y
propiedades en México. Montiel, al dejar su cargo, designó al Señor Peña como su sucesor
en el Estado de México, y éste se ha encargado desde entonces de tapar las
huellas y proteger a su tío de la justicia. No debemos olvidar que el gobierno
Francés está buscando a Arturo Montiel por delito de secuestro.
Ya entando en el tema familiar, nos han llamado “proles
envidiosos” e invitado a no hablar de Ayotzinapa. Son sólo niñas y mal haríamos
al condenarlas. Pero ojo, lo que sale de sus bocas es lo que entra por sus
oídos, y no deberíamos de dudar que en la casa de Peña Nieto existe un desprecio
por los mexicanos que explica su manera de llegar al poder y ejercerlo: como si nosotros
estuviéramos para servirles a ellos; como fuéramos humanos de segunda clase.
Ese hombre que usa teleprompter para dar sus discursos; ese
hombre que se esconde en el baño mientras los estudiantes protestan; ese hombre
que llegó a la presidencia con un guion telenovelero y con votos comprados en
Soriana y Monex; ese hombre que con sus casi cincuenta años de edad, no pudo
nombrar tres libros (¡Dios!)… él es el Señor Peña, Presidente de la República.
Por Glen V. Zambrano
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